| por uma vida menos ordinária |
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Segunda-feira, Agosto 31, 2009
by Clara Cuevas
la presencia de las ausencias
www.gustavogermano.com"Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa... Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco... Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía mis amigos, sus nombres, las noches de café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplejia, al Uruguay batllista, a Aristides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables... Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos indices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión... Y no halló nada... No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Aristides, ni a Lenin, ni al Principe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie. Ni a los muertos Fernández más recientes... A mi tampoco me encontró... Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles... Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo... Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas... Y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... La noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... Y se echará en el piso como un perro... Y aguardará hasta la madrugada... Hoy... Dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre... [...] Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que hay un sitio para mi en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado... Falta mi cara en la grafíca del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo. . . Los 7 ojos mios en la contemplación del mañana... Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos." Alfredo Zitarrosa ...argentinauruguaychileparaguaybrasilbolíviaperunicaraguaelsalvadormexicocolombiavenezuelahondurasguatemalahaiticubapanamasantodomingo... . eu também vou reclamar:
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Terça-feira, Agosto 18, 2009
by Clara Cuevas
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Terça-feira, Agosto 18, 2009
by Clara Cuevas
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caçambaTalvez eu precisasse de um pouco de leveza. Ouvi “tenha calma”, “tranqüila”, “espere”, “tenha paciência”, mas não era o tempo que precisava ser melhor aprendido. Às vezes é necessário moldar o peso dessa sensação, dos passos, dos golpes. E eis que eu me via precisando de leveza. Uma dieta resolveria o organismo, mas minha cabeça pesava mais de cem quilos e regime nenhum poderia tirar tanta massa, tanto volume. Foi estranho reconhecer aqueles passos tão duros, pés ressecados, costas corcundas tão rígidas, como elementos meus, como infinita fonte de destreza que eu carregava ali, tanto peso, tão pesado. Duro. E não tinha escapatória. Aquele espelho era meu sim, e eu cética não poderia argumentar que era a figura de outra pessoa. Aquela imagem. Aquela face, descrente, orgulhosa de ser realista e nunca dizimista. Minha expressão endurecida transformava cada elemento tocado, cada futuro passo. Um monte de entulhos, lombadas e pedras apareciam na minha frente e eu não sabia o que fazer. Saindo de uma profunda fumaça cinzenta percebi que eu estava precisando de um bom conselho. .
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